Lo que me enseñó el libro Deja de ser tú
Como terapeuta, escucho muy frecuente la frase “es que yo soy así”. Soy ansiosa, soy explosivo, soy de las que se lo guardan todo etc. Después de leer Deja de ser tú (Breaking the Habit of Being Yourself), de Joe Dispenza, esa frase me resuena distinto tanto en la consulta como en mi propia vida.
Cuando el hábito se confunde con identidad
Una de las ideas centrales del libro es que gran parte de lo que llamamos personalidad es la repetición de los mismos pensamientos, emociones y conductas. Pensamos de cierta manera, eso nos hace sentir de cierta manera y esa emoción nos empuja a actuar de cierta manera. Con los años, el círculo se vuelve tan familiar que lo registramos como “quiénes somos.” Dispenza describe este círculo como un ciclo que nos mantiene atados al pasado.
En la psicología, esto no es nuevo. Comúnmente hablamos de patrones, de esquemas, de respuestas aprendidas. Lo que me llamó la atención fue la claridad con que el libro lo plantea: lo familiar se siente seguro, aunque no nos haga bien. El cerebro tiende a preferir lo conocido y el malestar de siempre puede resultar más cómodo que la incertidumbre de algo nuevo. Todos lo hemos vivido, tenemos una reacción, una emoción o una rutina no porque fuera lo mejor para nosotros, sino porque era lo conocido.
La conciencia abre puertas
La realidad es que no podemos cambiar lo que no vemos. Mucho de lo que sentimos y hacemos ocurre en automático y el primer paso es darnos cuenta mientras está ocurriendo. El cambio empieza antes, en el momento de observar. Ese darnos cuenta, que desde la terapia llamamos conciencia o atención plena, crea un espacio entre lo que sentimos y lo que hacemos. Es un espacio breve, pero ahí está la opción de elegir. Ya no estamos completamente dentro del patrón, ahora sí podemos observarlo.
Cambiar es practicar, no castigarse
El cambio no se logra con críticas internas. Cuando nos juzgamos por nuestras conductas o pensamientos, les damos más poder. La curiosidad y la compasión funcionan mejor que la autocrítica. Cambiar un hábito emocional es como aprender un idioma, vas a necesitar repetición, paciencia y volver a intentarlo. Somos más flexibles de lo que creemos. Lo que aprendimos, también se puede reaprender.
El libro mezcla experiencia personal, ciencia y espiritualidad. Pero más allá de eso, su mensaje principal, que la conciencia abre la puerta al cambio, me pareció muy importante y me invitó a mirarme con más curiosidad. Me hizo pensar en qué estado de ánimo era familiar para mi. Por cuantos años ese estado de ánimo ha sido mi base o punto de referencia y por qué.
Recomiendo el libro como una invitación a reflexionar y practicar, no como un sustituto del acompañamiento terapéutico, especialmente cuando hay trauma, depresión o ansiedad significativa.
Aun así, el mensaje coincide con lo que veo todos los días: las personas pueden cambiar y ese cambio empieza cuando se miran con honestidad y sin juicio, el cual puede ser difícil, sobretodo en terapia de pareja, pero definitivamente es posible.
Reflexiones
¿Qué reacción o emoción se ha vuelto tan familiar que la confundes con tu forma de ser?
¿Qué pasaría si la próxima vez pausaras un momento antes de responder?
¿Qué versión elegirías ser, en lugar de la que se repite por costumbre?

